Esta es la historia de la primera y última vez que me enamoré. A veces pienso que todo lo que te quise de algo habrá valido. Y no me jode por los sueños, me jode por los inviernos que parecían primaveras. Ningún amor de verano podrá darte el calor que yo te daba en invierno. Y aunque te eche de menos a morir, hay amores eternos que duran lo que dura un invierno. Sigo hablando de sus ojos cuando me preguntan por mi color favorito. Desde el día que se fue la vida sigue como las cosas que no tienen mucho sentido.

sábado, 25 de mayo de 2013

¿Y los (b)ersos que nos debemos?

¿Dónde están? ¿Se los han quedao' las flores? ¿Los guarda en una cajita como el amigo Robe?. Yo no pienso llamarle a cualquier cosa poeta, no. Él no es un poeta pero cada frase suya puede resultar verso. O beso. Y yo... yo sólo soy un proyecto de ello. 
Cuando hablo de versos... hablo de esas frases que le dedico y (creo) que me dedica. Aunque ni me lea ni le lea.
Yo no sé dónde están los besos que le debo, él no sabe dónde están los besos que le debo; y así no. Él pierde el culo por cualquier culo, yo pierdo la cabeza por una mirada y una sonrisa. Muy romántico todo. A veces recuerda que me perdió y me echa de menos. Se extraña de que me lo tomara todo tan relativamente bien, en vez de "estrellarle una copa de celos" me eché a reír. Y luego dice que me bañe en sus ojos y que le den al mar. Me bañaría en su mar aunque sea verde, aunque sea un mar contaminado. También sé que anda bastante perdido y me compara con un vicio. Yo sólo me siento mejor si le tengo a oscuras y él busca una luna que ande sola; eso me da esperanzas de que todo ocurrirá una noche. Todo esto es cuando hablo de versos.
Porque
cuando hablo de besos
sobran las palabras.

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